Tenía tantos años sin recorrer este asfalto, este camino que conduce al silencio, a la paz, a los recuerdos y a la libertad.
Tenía muchos años de no avanzar y ver el desierto, ver sus secretos a plena luz, sentir su calor inundar mi mar.
Hacía tanto tiempo que a lo lejos no veía la cascada, hilito de recuerdos que con paciencia y tiempo se vuelve un torrente que lava penas y dolores.
Años, tantos años sin ver esa enorme piedra que algún día rodó por el cerro, para demostrar que no todo es eterno y que no todo permanece, pero que algunos buenos samaritanos fijaron en su nuevo hogar, para recordarnos que también al cambio podemos adaptarnos.
Hacia mucho que no veía la entrada al pueblo, con su enorme curva que llena de expectación el corazón porque vuelve a casa, porque a pesar de los años nunca se había ido.
Sin embargo es diferente esta vez, esta vez vuelvo yo sola, a punto de tocar el suelo, doblando las rodillas, sin muchas esperanzas, pero vuelvo a casa.
Es diferente porque aquí espero encontrar consuelo, porque en casa me siento protegida. Vuelvo porque aquí tengo inmensos recuerdos de años felices que han pasado, pero que nunca podré olvidar.
Vuelvo porque se que aquí podré encontrarte, en el canto de un ave, en la cima de una montaña, en la paz de la laguna, en una flor o en el aire, se que estás aquí, y que aquí estamos juntas, se que no me abandonas en estas tierras y que aquí renovaré la esperanza de que algún día, todo estará bien, porque tu estás conmigo, aunque no te pueda ver.
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