jueves, 28 de abril de 2011

Mi Monchis... te quiero.

Aún no puedo creer que te marcharas mi querido Moncho... fue tan inesperada, tan repentina tu partida.

Me parece justo ahora que escucho tu silvidito característico anunciando tu llegada, y a mi abuela preparando los tacos que tanto te gustaban.

Me parece apenas anoche que corrí desconsolada a tu casa cuando se murió mi Filomena para que me ayudaras a enterrarla. Yo tenía entonces 12 años y recurrí a un niño de 8 a que me ayudara. Así de fuerte eras tu, así de constante en mi vida... un gran amigo, de los mejores.

Todo esto que te digo ahora, ya te lo había dicho alguna vez... todo esto lo sabes porque no solo lo dije, sino que te lo demostré. Siempre nos demostramos lo mucho que nos queríamos y lo importantes que seríamos en nuestras vidas.

Tu me ayudaste a crecer, a creer, a superar las tres pruebas más difíciles de mi vida y estabas dispuesto con todo tu corazón a ayudarme en la cuarta, aunque me decías que estaba loca, creías en mi.

Moncho  te quiero amigo, y en tu nuevo viaje, llega hasta donde quieras, se libre de todo, conoce todo, se feliz. Tu sabes que me gustaría como siempre acompañarte en esta aventura, pero yo aún tengo cosas que hacer de este lado.

Te quiero, siempre te quiero mi querido amigo, y aunque justo ahora el corazón lo tengo hecho gerber de ciruela pasa (sí, no olvido eso), se que todo estará bien, porque eso tu me lo enseñaste.

Un abrazo eterno Monchis, eterno como nuestra amistad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario