Siempre amé los libros antiguos, tal vez por eso me enamoré de él. Sus páginas tienen historia y en sus venas corre tinta.
Yo siempre fui una hoja en blanco y él un corazón lleno de letras.
Hice de esas letras la religión de mis manos y entonces mis manos supieron de debilidades más que yo.
Y ahora al paso de los días, lo extraño con la precisión gramática de una enamorada que se ha quedado sin letras, a quien le han vaciado el corazón.
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