Si la vida es un río y tu corazón es un bote que en el agua que ha nacido para flotar. Si la vida es un viento salvaje que en las alturas hace que todo viaje, y tu eres Amelia, que muere por volar, si así es, entonces navega, vuela, lucha, porque el cielo no conoce fronteras, y yo vi el cielo en tus ojos.
Si tu vida es una cama dura, de ramas y uñas, y tu espíritu es esclavo de los látigos del hombre, de las cárceles del hombre, donde tu hambre y sed de justicia no encuentran con qué ser saciados, que tu corazón sea esa flama pura en las noches constantes de los hombres, que no se detenga, que no se apague.
En tus ojos, débil como el canto de una alondra, de alguna forma, con esa misma sutileza, tú, mi caballero de negro, haces que esa chispa que enciendes en mi, me haga sentir tu calor. Para aferrarnos al día en el que el miedo pierda su sostén, cuando el cielo logre su cometido, cuando todo armonice y donde lo que se encuentre en nuestros corazones, se vuelva una realidad.
El cielo vida mía, no conoce fronteras, y yo he visto el cielo en tus ojos.

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