viernes, 30 de septiembre de 2011







Necesitar desesperadamente que me cuentes historias. Tanto como el comer, porque me organizas el mundo, iluminas la realidad, porque le das sentido a los minutos entre tus versos, entre los sueños que narras.


No se mueve ni una hoja, no hay aves que canten y en el horizonte, a la distancia, solo se ve un relámpago que -de vez en cuando- recuerda el sonido, la luz.


A un lado sobreviven un par de espinos, surcos que no se han terminado, murallas como lienzos grises que sin tus letras, son solo sauces plagados de abandonos.


Al otro, una zanja de agua, que como grito implora libertad, que ese pequeño riachuelo tenga de nuevo cauce, movimiento.


Con tu silencio, el camino se pierde entre colinas celestes, y me queda solo la esperanza de volver a leerte.

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