Decidí por fin partir de tu puerto, he levado el ancla que dejé encallada en tus sueños, parto con mis velas rotas y mi barca maltrecha pero con el viento a mi favor.
Mi camino es largo sobre este mar de mis anhelos y esperanzas y aunque mi dolor es inmenso, navegaré sin miedo pues se que encontraré de alguna forma esa estrella que guíe mis pasos. No conozco mi destino aún, no se cuánto he de tardar, pero volveré a ver el horizonte pintando luces cálidas al amanecer, y estaré bien.
Navego con bandera de ilusión asida al asta de mi esperanza, y aunque aún golpea frío, el aire que respiro ahora huele a paz, huele a libertad que aunque amarga y profunda, me ha hecho encontrar en mi lo que antes olvidaba.
Hoy por fin con gran dolor he decidido marcharme, esta vez no dejo botellas en el agua, ningún mensaje. Hoy me marcho con los pedazos de corazón que me han quedado y si he de morir de soledad que así sea, no seré más náufraga de tu olvido.
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