Son las 02:58 am y yo sigo despierta, al igual que hace unas noches, pensando en ti. Al fondo, se escucha el golpeteo de la lluvia que me recuerda que tal vez algún viento del norte fue el que la ha impulsado esta noche hasta mi ventana, trayendo un pedacito de tu aire, un pedacito de ti.
El influjo de una bebida que arde no hizo nada por encender el frío que llevo dentro, en pleno verano estoy viviendo en invierno.
Lo sé, no necesitas decirlo, me has olvidado y no porque así lo quisieras, pero por voluntad propia no quieres recordarme, y me estás borrando. Desdibujas las pinceladas que di a tu vida, los trazos de color, de alegría y me vuelvo un lienzo en blanco, de esos que se guardan en una esquina.
No te preocupes, entiendo el mensaje, los silencios siempre hablan más que mil palabras, y esas segundas oportunidades que dices que todos merecemos -como esa que te di alguna vez- en el guión que tienes escrito, no existe para mi personaje.
Me duele tanto haber vuelto de rodillas en el suelo, para despedirme con la frente pegada a él. Jamás pude levantar el vuelo, no entendí a tiempo que ya no existía mi lugar. Se terminó de nuevo el sueño, me marcho para siempre jamás.
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