Amado Ulises:
Ya no es posible que el tiempo pase, vuele, no se detenga y yo no te cuente sobre mi vida en Ítaca, de mi vida sin nosotros, de mi vida sin ti.
Hace ya tiempo que te fuiste y tu ausencia nos pesó a tu hijo y a mi, él crece a la sombra de tus versos, de la música que me enseñaste, con las historias que le cuento sobre ti y con el deseo ávido de conocerte. A mi empezaron a cercarme pretendientes que hacen de mi vida una congoja, porque ninguno eres tú, y todos son ellos.
He tomado hebras de recuerdos, de historias, de deseos, y las entretejo para un sudario, todas las mañanas muy temprano después de hacer lo cotidiano, inició su tejido para terminarlo y elegir entonces a alguien con quién reemplazarte, pero todas las noches, mientras lloro en silencio en nuestra cama -sí, esa que no puede moverse- destejo todas esas esperanzas porque no quiero reemplazarte, ni olvidarte.
Así he pasado todo este tiempo, mi amado Ulises, mi corazón suspira aún por ti, a pesar de la distancia y del olvido. Te recuerdo aún tan bello, tan hábil con el arco y con la lanza. Los alrededores están en ruinas, mi mundo entero se desmorona, pero este tejido blanco me mantiene viva, mantiene mi esperanza.
Sé por los forasteros acerca de Calipso y de Circe. Sé sabio Ulises y si tu corazón así lo desea, entonces elige a Calipso, ella te hará recuperar la juventud que se te está escapando. Si es Circe la elegida, serás entre sus posesiones la mayor, pero solo una más sin significado.
Vuelve, vuelve, Odiseo no te pierdas en los laberintos de la muerte, sigo esperando con todo mi amor, Odiseo vuelve a mí, soy tu tierra, tu luna y tú eres mi todo.
Yo seguiré esperando, tejiendo recuerdos, sentada al olvido o tal vez en el fondo de tu mente.
Tu Penélope.
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